Un espacio de silencio, escucha y conexión interior
Mi relación con los oráculos comenzó en 2018, casi de una manera natural.
Desde hacía tiempo seguía en redes a Covadonga Pérez-Lozana. Cuando creó La Voz del Ser y supe que saldría a la venta, sentí inmediatamente que quería tenerlo. Lo pedí desde España y, desde que llegó a mis manos, sentí una conexión muy especial con él.
Al principio lo utilizaba únicamente para mí.
Cuando tenía alguna pregunta, una duda o atravesaba alguna situación de mi vida cotidiana, acudía a sus cartas. Pero nunca las sentí como una herramienta que tuviera que darme una respuesta o decirme qué hacer.
Era algo mucho más sutil.
Una guía.
Una forma de detenerme, escuchar y permitir que la respuesta pudiera sentirse desde otro lugar, desde el alma.
Con el tiempo también llegó a mí Guía Angelical, de Grisy Nava, y ambos oráculos comenzaron a formar parte de este pequeño espacio desde el que nacen muchos de los mensajes que comparto en Los ángeles de mi cuarto.
Las cartas solo abren el proceso
Mi manera de utilizarlas es muy sencilla.
Me siento en el lugar donde guardo mis oráculos, mi cuenco y la libreta en la que escribo.
No necesito música ni preparar un ambiente especial. Solo necesito silencio.
Respiro.
Tomo el cuenco y lo hago sonar sobre los oráculos.
Escucho hasta que el sonido desaparece.
Entonces dejo el cuenco, saco las cartas y las coloco sobre la mesa.
Las observo.
Y espero.
En algún momento comienzan a llegar palabras.
Cuando eso sucede, tomo mi libreta y empiezo a escribir.
No intento construir un mensaje, no pienso qué debería decir ni trato de interpretar conscientemente cada una de las cartas. Simplemente escribo lo que va llegando hasta que deja de llegar.
Por eso, para mí, las cartas no contienen el mensaje: las cartas abren el proceso.
Son una guía, un apoyo y un canal que me ayuda a entrar en ese espacio de escucha.
Escribir sin pensar
Hay algo particular que sucede mientras escribo: no soy plenamente consciente del texto que estoy creando.
No estoy analizando cada frase ni tratando de decidir qué viene después.
Escribo.
Y quizá por eso lo que siento en esos momentos es, sobre todo, tranquilidad.
Después puedo regresar a las palabras, leerlas y encontrarme con ellas desde otro lugar.
Muchos de esos escritos son los que, con el paso del tiempo, han terminado llegando hasta este blog.
Una experiencia espiritual y también una herramienta de reflexión
No pretendo presentar el oráculo como una forma de predecir el futuro ni como una herramienta que tenga las respuestas sobre nuestra vida.
Mi experiencia con él ha sido diferente.
Para mí puede ser una herramienta de reflexión y, al mismo tiempo, una experiencia profundamente espiritual.
Una manera de detener el ruido por unos momentos.
De escuchar.
De observar aquello que quizá normalmente no vemos.
Y de abrir un espacio interior en el que algo pueda mostrarse.
No necesitas creer lo mismo que yo para acercarte a los mensajes que comparto aquí.
Tampoco necesitas entender exactamente de dónde vienen.
Porque quizá comprender no sea lo más importante.
Tal vez solo sea necesario recordar que nunca caminamos completamente solos.
Que incluso en aquellos momentos en los que no podemos verlo o sentirlo, siempre estamos acompañados y sostenidos por la divinidad.